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Colegio oficial de farmaceúticos de Madrid

166, junio 2020

Doctor Alda: Hemos atendido a 110 farmacéuticos dentro del programa NeuraxConecta

"Estamos detectando cuadros de ansiedad, de adaptación a la situación vivida, de miedo al contagio, mucho estrés postraumático"

Madrid, 26 de junio. "Estamos viendo la punta del iceberg, hay mucha gente que está mal pero no se atreve a llamar", asegura José Ángel Alda, psiquiatra y jefe de sección del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Sant Joan de Déu y director de Consulta Dr. Alda. Este experto aborda en la entrevista las secuelas y el impacto que ha tenido el COVID-19 en la vida de los farmacéuticos, a partir de los testimonios de los propios profesionales que están buscando ayuda en su consulta. Se trata de un servicio gratuito que es fruto del acuerdo de colaboración entre el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid y el laboratorio Neuraxpharm para prestar soporte emocional a los farmacéuticos y personal de oficina de farmacia que así lo soliciten.

Lo cierto es que ninguna facultad enseña a reaccionar ante una pandemia que ha causado miles de muertes y ha obligado a los farmacéuticos a permanecer en sus puestos para enfrentarse a un virus desconocido, sin dejar de atender las necesidades de una ciudadanía conmocionada por el impacto del coronavirus en sus vidas y arriesgando, en muchos casos, su salud y las de sus familiares. Cuidarse para seguir cuidando y aprender de la experiencia vivida es hoy más importante que nunca.

¿Cómo describiría el estado físico y mental de los farmacéuticos que están buscando ahora apoyo psicológico profesional?

Así como los médicos y enfermeros han estado en primera línea de la batalla y se han llevado las medallas, los farmacéuticos también lo han estado pero no se han llevado tantos honores, porque no había mascarillas, ni material de protección. Estamos detectando cuadros de ansiedad, de adaptación a la situación vivida, de miedo al contagio, mucho estrés postraumático. Realmente estamos viendo la punta del iceberg, hay mucha gente que está mal pero no se atreve a llamar. Hemos atendido a 110 farmacéuticos durante el último mes y medio dentro del programa NeuraxConecta. La gente que llama está en una situación muy angustiada.

Tener que abrir la farmacia sin disponer de material de protección para el uso propio o el de los ciudadanos ha sido una prueba muy exigente. ¿Cuáles son las experiencias que más les han afectado, según sus testimonios, después de estar expuestos a un sobreesfuerzo laboral y una enorme tensión?

La escasez de material de protección y estar en primera línea, y segundo, cuando ya contaban con pantallas y algunas mascarillas, pero no había suficientes para todos los ciudadanos. En algunos casos, contaban algunos compañeros, ha habido casos de agresividad, insultos. Incluso, a veces, dentro del mismo equipo se han producido casos de tensión ante el temor de contagio, porque alguien no se ponía la mascarilla y ponía en riesgo al resto de personal. El cambio de procedimientos de las recetas o la entrega de medicamentos han supuesto, sin duda, un estrés muy grande.

¿Qué secuelas son normales y cuándo nos deben empezar a preocupar para buscar ayuda profesional?

Aunque siempre hay una cierta resiliencia, un cierto aguante, el mayor problema ocurre cuando la situación se normaliza ahora, de cara al verano, cuando empiezan a tener conciencia de lo que ha sucedido. Cuando estás en la vorágine, estás en la batalla y no eres consciente de la situación. Cuando disminuye la presión empiezas a estar peor. Hay muchos problemas de ansiedad, de trastorno del sueño. Hemos recibido muchos correos de madrugada. Llama la atención, gente que no podía dormir y estaba angustiada y se conectaba para enviarnos un correo y pedir ayuda.

¿Qué claves o recursos están ofreciendo para abordar este tipo de situaciones e ir recuperando el equilibrio personal y volver a la normalidad?

Lo principal es poder hablar. Cuando has pasado un cuadro de estrés agudo, traumático como el que se ha vivido, hay que comunicar tus angustias y miedos, hay que verbalizarlo. El COVID te impide esta intercomunicación social. Nosotros lo que intentamos es escuchar y darle herramientas de apoyo. Gente que no salía a la calle por temor a contagiar a alguien o contagiarse. Si esto perdura en el tiempo, si dura más de tres meses es cuando se habla de estrés prolongado, hay que valorar un tratamiento psicológico, más seguido y a veces es necesario añadir tratamiento farmacológico. Pero, muchas veces, con esas pautas del día a día, de buscar un espacio para ti, de poder salir y disfrutar con los amigos y dar una vuelta o ir incluso a la peluquería, hacer algo de deporte y desconexión del trabajo hemos conseguido que los síntomas reviertan. Cuando comunicas con otro que entiende lo que está pasando, hace que te encuentres mejor y se normalice la situación.

¿Cómo se ponen en contacto con ustedes?

Nos piden la solicitud a través del correo electrónico, intentamos contactar las primeras 24 horas, buscando una hora a través del formulario de consulta que nos permita compaginar la actividad, bien a través de llamada telefónica o videoconferencia. La visita se realiza en los primeros siete días en la franja horaria que acordamos, con una duración aproximada de 30 minutos.

¿Cómo cree que esta experiencia está cambiando o condicionando la relación y el trato cercano que siempre se dispensa en la farmacia?

Una de las compañeras farmacéuticas explicaba que, como responsable de la farmacia, conocía a clientes mayores que no podían salir porque estaban confinados y que se encargaba de llevar la medicación a domicilio, pero claro ahora persiste la obligación de respetar la distancia social. Va a ser un hándicap, sin duda, de cara al futuro para todos los profesionales.

Después de un gran esfuerzo profesional y personal, ¿qué tipo de recompensa considera ahora más valiosa para sus protagonistas?

Lo económico puede estar bien, pero creo que es más valioso el reconocimiento social que se ha centrado en los sanitarios. Ahora hay también un malestar porque estamos viendo de nuevo las terrazas y bares llenos, sin distancia de seguridad y mascarillas después de lo que ha pasado y no se acuerdan de lo ocurrido hace dos meses. Es decepcionante porque muchos sanitarios se han infectado. Los farmacéuticos, en este sentido, han hecho una labor también impresionante, pero es cierto que no han obtenido este reconocimiento y creo que, al final, han quedado como los malos de la película.

¿Qué aspectos positivos, si los hay, nos dejan estos tres últimos meses de pandemia? ¿Cree que se ha generado una nueva mentalidad también de solidaridad y trabajo en común que puede ser útil de cara al futuro?

Yo creo que sí, pero no sé si se mantendrá en el tiempo. Hemos sabido adaptarnos a una situación extraordinaria, casi de película de ficción vivida en tiempo real y en primera persona. Compañeros de Madrid que estaban en hospitales han tenido que hacer de intensivistas y de todo lo que hacía falta. Al dejarnos a los profesionales organizarnos se ha sacado lo mejor de nosotros. En el caso de los farmacéuticos se han cambiado también protocolos, turnos, etcétera.

¿Qué tipos de automatismos deben los profesionales conservar ahora en esta vuelta a la normalidad?

Ha habido sitios donde se prohibía a los profesionales sanitarios llevar mascarillas porque asustábamos a la población, cuando teníamos evidencia que la mejor forma de prevenir era llevar una mascarilla, por eso estamos con las cifras de sanitarios infectados. Debemos ser precavidos. Esto por desgracia no se ha acabado. Estamos en una situación de cierta mejora en relación con marzo y abril, pero no está arreglado. Todo el mundo piensa que va a haber un repunte pero no sabemos cuándo, pero que vendrá es seguro. Creemos que habrá un rebrote, hay que ser cautos y mantener las medidas de seguridad, como mascarillas, distancia, lavado frecuente de manos, y esa es nuestra función de cuidado por estar cercanos a la población. Hay que ser prudentes, es complicado. Hay muchos pacientes que te piden vernos físicamente, visitas presenciales y es entendible, pero en la situación actual de la pandemia quizás no sería lo más aconsejable, porque si nos vemos de forma presencial deberemos llevar mascarilla y estar a dos metros de distancia, la mascarilla dificulta la comunicación no verbal situación que se soluciona con una visita mediante videoconferencia.

¿Cree que están preparados para afrontar un nuevo rebrote del virus en otoño?

Es el miedo que veo. Ahora sí tenemos material de protección, estamos mejor. También tenemos mejor conocimiento de cómo se transmite el virus, pero esa situación de darlo todo no sé si estará en el ánimo de todos por los comportamientos que estamos viendo ahora entre la población.

Correos de ayuda

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"Aunque siempre hay una cierta resiliencia, un cierto aguante, el mayor problema ocurre cuando la situación se normaliza ahora, de cara al verano, cuando empiezan a tener conciencia de lo que ha sucedido. Cuando estás en la vorágine, estás en la batalla y no eres consciente de la situación. Cuando disminuye la presión empiezas a estar peor. Hay muchos problemas de ansiedad, de trastorno del sueño. Hemos recibido muchos correos de madrugada. Llama la atención, gente que no podía dormir y estaba angustiada y se conectaba para enviarnos un correo y pedir ayuda", explica el doctor Alda.

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